Los meses de noviembre y diciembre suelen ser para muchos
una época de revisión de lo alcanzado en el año y de plateo de nuevos
objetivos. Muchos deportistas, sin distinción del nivel, llegamos al final de
nuestras temporadas y miramos hacia atrás observando lo vivido durante el año.
Se abre ante nosotros una oportunidad única de proponernos lo que queramos sin límites.
Es sin dudas, el momento de “soñar en grande”, de dejar volar nuestra
imaginación hacia objetivos elevados. En base a estos, se desarrollará todo
nuestro futuro año, empezando por la tan conocida “pretemporada”.
Durante la pretemporada preparamos al cuerpo con todas las
herramientas a nuestro alcance para los desafíos que vendrán. Hacemos lo que
habitualmente no, como ir al gimnasio, incorporar nuevas actividades fuera de
la principal de nuestro deporte, nos hacemos controles médicos exhaustivos,
visitamos diversos especialistas, modificamos las bicicletas, o compramos
zapatillas nuevas, lo que sea que haga falta para “preparar motores” para el
siguiente año.
Pero por lo general, las pretemporadas, suelen enfocarse
mucho en el “afuera” dejando nuestros aspectos internos de lado.
Si bien la
preparación física es clave para el desarrollo de un deportista, también lo es
preparar la mente y el espíritu para los desafíos que vendrán.
Es tanto el “movimiento” o la “turbulencia” que trae
aparejada la época de competencias que muchas veces no tenemos el tiempo de
observar cómo se encuentran nuestra mente y nuestras emociones, y si lo hacemos
no nos solemos dar el espacio de trabajarlos.
En la pretemporada nos encontramos con ese espacio, con el momento
ideal para observar estos aspectos y prepararnos en forma íntegra para un
intenso nuevo año.
¿Qué mejor que AHORA para trabajar tus miedos, tu ansiedad, aprender
a controlar tus emociones, reveer tus objetivos, trabajar la concentración, aprender
a visualizar? Evita intentar hacer este trabajo cuando ya “no haya tiempo”, o
no se lo quieras dedicar porque no es “prioritario”. Estas ante la oportunidad de hacer un trabajo
INTEGRO, de formar cada parte de tu ser para llegar a la plenitud y competir
luego desde ahí.
Para trabajar el cuerpo, hacelo desde la preparación física
general y específica del deporte.
Para trabajar la mente y las emociones, controlar la
ansiedad y desarrollar el enfoque en momentos de tensión te propongo hacerlo
con las Asanas o posturas del Yoga, estáticas y dinámicas en las que te vas a
ver expuesto a momentos que requieren gran concentración y foco para el sostén
de posturas que involucran equilibrio, fuerza y relajación en un mismo
instante. En las Asanas, cuerpo, mente y emociones deben alinearse para lograr
la perfección en el movimiento, recreando en forma perfecta, el escenario de la práctica deportiva en
carrera, donde la integridad será clave para los resultados que obtengas.
Para aprender a relajarte, aun en situaciones de estrés,
como puede ser la previa a una competencia, el Yoga te ofrece técnicas de relajación
activa, respiración consciente o pranayamas. Donde aprendes a llevar la atención hacia tu interior y
encontrar la relajación dentro de vos mismo, dejando de lado lo que suceda
“afuera”.
Para el enfoque en objetivos y metas, existe la técnica de la
visualización, donde recreas mental y emocionalmente tus objetivos y se ponen
en movimiento fuerzas que te llevaran hacia ellos.
Y finalmente para integrar todos los aspectos y realmente
conectarte con tu ser y vivir toda la experiencia desde ese lugar, el Yoga te propone
la meditación.
Sé un deportista integro, que la pretemporada sea la
oportunidad para reveer que te falta y a partir de ahí construir la mejor versión
de vos mismo.
Integra al yoga en tu pretemporada y descubri la diferencia.
Namaste!
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